El argumento central que recorre el nuevo libro de Emily Hind es evidente desde las primeras páginas: los capítulos de Dude Lit tienen como objetivo demostrar que la reputación literaria de un escritor (o bien, la idea nebulosa de talento literario) tiene menos que ver con la calidad de las obras en sí mismas y más con el refinamiento de un performance que oscila entre lo bárbaro y lo civilizado. Puesto de otra manera, la hipótesis de Hind es que la “gran literatura” mexicana no necesariamente es aquella con la mejor calidad estética sino la que está mejor conectada en los circuitos masculinos de poder y que, además, está más que dispuesta a ser cómplice de estos juegos de fanfarronería. Ejemplos abundan en el libro: desde la actitud “malota” de Salvador Elizondo y Carlos Velázquez, lo tóxico del Centro Mexicano de Escritores, el pene como tropo en la literatura mexicana, la distante frialdad de Juan Rulfo o lo misógino-feminista de Carlos Monsiváis –todos actitudes o temas que difícilmente podría sostener una escritora sin ser expulsada del canon–. Como bien lo advierte el título, este no es un libro digerible para masculinidades frágiles: a Dude Lit hay que entrarle de lleno y, si se me permite el albur, a sabiendas de que la masculinidad no va a salir bien parada.

Hind propone que es necesario leer la literatura mexicana desde los procesos sociales que le dan forma y crear nuevas herramientas para hacerlo. En este caso y a través de entrevistas, chismes, investigación de archivo y autobiografías, la autora hace un mapa de las conexiones y de los roles intelectuales desempeñados por los escritores desde la generación de medio siglo hasta el presente. Para fines de esta reseña, me parece innecesario dar un resumen de los capítulos del libro porque cada uno abre con una especie de mapeo. Por ejemplo, en el capítulo 2, titulado “Putting the Genius in Homogenous: What Does an Intellectual Look Like?”, Hind incluye el siguiente paratexto: “Mediations on Naked Men and Censored Drugs, the All-Male Iconografía and Nuevos Escritores (with Examples from Ramón López Velarde, Amado Nervo, José Agustín, Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Huberto Batis, and More)” (41). Además, hay tres epígrafes que responden la pregunta del título: la figura intelectual mexicana es homogénea y tiene que ver con prácticas corpóreas: “The most heterosexual of twentieth-century masculinist intellectual performances sought disembodiment by assigning embodiment either to the audience or to the object of critique” (44). El mapeo de este capítulo sugiere que, en las siguientes páginas, Hind analizará las correlaciones entre la altura, la sonrisa, la vestimenta y otras prácticas corporales con la popularidad del escritor/a. También advierte que, si al lector esta correlación le parece ingenua o tonta, es importante recordar que el sexismo nunca ha sido muy sofisticado (46). Éste es quizá uno de los mayores aciertos del libro: demostrar cuantitativa y cualitativamente cómo el canon de la literatura mexicana se erige a partir de actitudes misóginas y sexistas.

Me gustaría señalar dos aciertos del libro que van más allá de los estudios mexicanos. El primero tiene que ver con la formación de los sujetos intelectuales en América Latina y la recontextualización de tropos comunes en la historia literaria latinoamericana como lo es el binario bárbaro y civilizado. Dude Lit propone una nueva metodología para entender conceptos básicos como ciudad letrada, ficciones fundacionales y canon. Esta metodología, de conciencia feminista e interdisciplinaria, aboga por otras rutas de análisis y pone énfasis en los hábitos y performances de los escritores/as como parte fundamental del imaginario letrado.

El segundo acierto de Dude Lit tiene que ver más con la forma que con el contenido. Con humor e ironía –herramientas tradicionales de pedagogía feminista– Hind escribe un libro que también desafía las nociones (masculinas) de la escritura académica. A veces, el libro se lee como un ensayo humorístico; otras, los pasajes nos recuerdan a una revista de chismes, o bien, los paratextos señalan la teatralidad como parte inherente del texto. Y es que Hind escribe en contra del propio performance de competencia que señala –quiero decir, utiliza su propia metodología para construir sus argumentos–. Por ejemplo, constantemente apela al lector/a, quien se ve forzado a reconocer su propia complicidad dentro de los esquemas que Hind denuncia, demostrando así que una reacción adversaria o de complicidad tiene tanto que ver con la producción de crítica literaria como lo es leer críticamente un libro. Puede que el lector/a esté de acuerdo o no con lo que Hind propone, pero la reacción afectiva que el libro provoca deja ver que el método de Hind no es ingenuo.

Ahora bien, el libro de Hind opera bajo la consciencia de que el género es fluido, pero el libro falla –como la misma autora lo señala– y reduce el género a dos actores: hombres y mujeres (3). No es una reducción que Hind se tome a la ligera y reconoce que la disidencia sexual o de género puede influir pero que, generalmente, sigue los mismos patrones: “That gay men seem to enjoy greater status than most women” (3). Si bien estoy de acuerdo con dicha declaración, me parece necesario un análisis más detallado de la disidencia sexual como herramienta performativa de competencia. Pienso, por ejemplo, en Luis Zapata, Mario Bellatín o Luis Felipe Fabre. Pensar en Fabre me lleva a otra cuestión: el libro está principalmente dedicado a narradores y un par de películas. No queda del todo claro la correlación entre género literario y el performance de lo macho. Finalmente, hay un tropo que la autora no toca: aquellos escritores que se han construido un performance, consciente al margen de las masculinidades tóxicas que Hind explora. Por ejemplo, pienso en la imagen bonachona de Juan Villoro.

Me gustaría concluir con una última observación. El libro es una invitación a repensar la manera en la que nuestro trabajo académico reproduce los patrones sexistas y misóginos visibilizados en Dude Lit. Al igual que el trabajo de Jean Franco en Plotting Women, el de Sarah Bowskill en Gender, Nation and the Formation of the Twentieth-Century Mexican Literary Canon o, más recientemente, a los esfuerzos de Socorro Venegas con la Colección Vindictas de la UNAM o de Liliana Pedroza, entre otras más, de recuperar y recontextualizar el trabajo de escritoras que han caído en el olvido, el trabajo de Hind es una invitación para acabar con la “dude [dick] lit”. Por ello, en su conclusión, Hind ofrece una lista de recomendaciones: reconocer el rol del performance, acercarse a los estudios de género, citar mujeres tanto como se citan hombres (o reconocer explícitamente el no hacerlo), acabar con el token femenino, asignar mujeres en los cursos y escuchar los paneles de mujeres en conferencias. Hay quien entenderá dichas recomendaciones en términos de cuotas. Pero esa no es exactamente la lección de Dude Lit. Para Hind, estas recomendaciones funcionan en conjunto si el/la académico/a reconoce su propio performance de competencia y, además, entiende éste en relación con los procesos sociales que le dan forma. En fin, Dude Lit es “a final invitation to rethink what sucks” (214) tanto en la literatura mexicana como en la crítica literaria y la academia.

Francesca Dennstedt
Southern Illinois University–Carbondale
Bowskill
,
Sarah
.
2011
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Gender, Nation and the Formation of the Twentieth-Century Mexican Literary Canon
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London
:
Legenda
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Franco
,
Jean
.
1989
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Plotting Women
.
New York
:
Columbia University Press
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Pedroza
,
Liliana
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2020
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A golpe de linterna: más de 100 años de cuento mexicano
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3 vols
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México
:
Altrasalante
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