Este artículo trata sobre cómo una estadounidense de la élite, Elizabeth Cutter Morrow, fue desarrollando su concepto sobre lo mexicano cuando—como esposa del embajador de Estados Unidos en México, Dwight W. Morrow—se adentró en el mundo del arte y las artesanías nacionales, y devino en promotora de ellas en su país. Era una mujer culta y logró apreciar la originalidad y belleza de las piezas artesanales mexicanas, de las antigüedades y de las contribuciones de la Escuela Mexicana de Pintura. Su comportamiento se enmarcaba dentro de las corrientes culturales en boga, como el nacionalismo mexicano, que vivió uno de sus momentos cúspide entre 1920 y 1930, y la oleada contracultural estadunidense que después de la Primera Guerra Mundial vio a las culturas nativas de México y Estados Unidos como parte de su herencia. Se trataba de una mirada romántica que homogeneizaba lo mexicano con la idea de un mestizaje que unificaba lo indígena y lo popular. Este texto parte de la perspectiva de la actuación de las mujeres de la élite, que se movían en segundo plano respecto a sus esposos; utiliza el enfoque de la diplomacia cultural para explicar cómo el aprecio de Elizabeth por el arte mexicano contribuyó al acercamiento entre los dos países y el biográfico para desentrañar de qué manera su vida influyó en su mirada sobre México.

This article examines the way in which an elite American woman, Elizabeth Cutter Morrow, developed her idea of what is Mexican when she—as the wife of the US ambassador to Mexico, Dwight W. Morrow—took a keen interest in Mexican art and crafts, and promoted them in her own country. She was a cultured woman who came to appreciate the originality and beauty of Mexican artisanal pieces, antiques, and contributions from the Mexican School of Painting. Her behavior was influenced by prevailing cultural currents, including Mexican nationalism, which reached its peak between 1920 and 1930, as well as the American countercultural wave following World War I, which viewed native cultures of Mexico and the United States as part of its heritage. She held a romantic view that blended Mexican culture with the concept of miscegenation, unifying the Indigenous and the popular. This text is based on the perspective of the actions of elite women, who took a secondary role with respect to their husbands. It also integrates the cultural-diplomacy approach to explain how Elizabeth’s appreciation of Mexican art contributed to the rapprochement between both countries and the biographical approach to unravel how her life influenced her view of Mexico.

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