By the 1920s, anti-Mexican campaigns in the United States had become a major liability for US interests in the Americas, as rival imperial powers attempted to exploit growing anti-American sentiments in Mexico and Latin America against American imperialism. The U.S. State Department sought to curtail animosity in Latin America by contesting discriminatory domestic practices that angered elite Mexicans and Mexican-American leaders who identified as white. After blocking eastern and southern European and Japanese immigration in the 1924 National Origins Act, the eugenics movement turned its attention to excluding Mexicans from entering the US. When legislative attempts at restriction failed because they conflicted with national and international commercial interests, non-legislative avenues were sought, including the Census and the courts. The 1930 Census was the only census that categorized Mexicans as a separate “race.” In the context of a changing racial formation in the United States, this unique category was reversed in 1936 due to Mexican-American leaders leveraging the fragility of the “Good Neighbor Policy” to force the Federal government into action.

Para la década de 1920, al tiempo que las potencias imperiales intentaban explotar los sentimientos crecientes contra el imperialismo de Estados Unidos en México y América Latina, las campañas contra México en Estados Unidos se habían convertido en un lastre mayor para los intereses de EEUU en las Américas. El Departamento de Estado de EEUU intentó reducir la animosidad en América Latina refutando las prácticas discriminatorias domésticas que enfadaban a los mexicanos de élite y a los líderes mexicano-americanos que se identificaban como blancos. Tras bloquear la inmigración proveniente del sur de Europa y de Japón con la Ley de Orígenes Nacionales de 1924, el movimiento eugenésico concentró su atención en excluir a los mexicanos de la entrada a EEUU. Cuando sus intentos legislativos por lograr la restricción fracasaroñ debido a que entraban en conflicto con intereses comerciales nacionales e internacionales—, tomaron caminos no legislativos, incluidos el censo y las cortes. El censo de 1930 fue el único censo que categorizó a los mexicanos como una “raza” distinta. En el contexto de una formación racial cambiante en Estados Unidos, esta categoría singular fue revocada en 1936 debido a que los líderes mexicano-americanos echaron mano de la fragilidad de la “Política del Buen Vecino” para obligar al gobierno federal a entrar en acción.

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