Este trabajo examina la labor del representante de México en Cuba en los primeros años del siglo XX. Sostiene que sus labores como cónsul interino y luego como cónsul general y más tarde enviado extraordinario correspondieron a dos etapas diferentes en la percepción mexicana respecto de esa Antilla. Además, que en cada una de esas etapas, en las que las condiciones en la región y en México fueron diferentes, la diplomacia mexicana tuvo que tomar en consideración la presencia de los Estados Unidos en la región del Golfo-Caribe. Dichas etapas evidencian cómo las percepciones reflejaron, a su vez, dos momentos con condiciones regionales y situaciones internas diversas, en las que la presencia e intereses norteamericanos tuvieron que ser contemplados en el diseño de la diplomacia que podía promover México.

This article studies the work of the Mexican agent in Cuba during the early twentieth century. It argues that his functions as temporary consul and later on as general consul and extraordinary envoy reflect two different stages in the Mexican perception of the Antillean Island. It also claims that in each one of these stages, when conditions both in the region and in Mexico were different, Mexican diplomacy had to ponder the presence of the United States in the Gulf-Caribbean region. These stages clearly express two different moments with regional conditions and internal situations in which American presence had to be considered in the design of Mexican diplomacy.

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