During the hegemonic rule of the Partido Revolucionario Institucional (Institutional Revolutionary Party) (PRI), civil-military relations in Mexico were characterized by an implicit “pact” between civilian authorities and the armed forces, a pact that resulted in little civilian oversight and high levels of military autonomy. Despite Mexico's transition to democracy in 2000, the pact has been maintained, albeit somewhat altered. Because the responsibility to oversee the armed forces in democratic regimes is shared among the three branches of government, legislatures play an essential role in the oversight process, which directly affects democratic transparency, horizontal accountability, and good governance. This article investigates the extent to which the Mexican Congress has been able to exercise effectively its constitutionally mandated authority to oversee the armed forces as it emerges as a powerful institution in transitional Mexico. It argues that although congressional oversight has increased in some areas, it has generally remained weak.

Durante el régimen hegemónico del Partido Revolucionario Institucional (PRI), las relaciones entre civiles y militares en México se caracterizaban por un ‘pacto’ implícito entre las autoridades civiles y las fuerzas armadas, el cual otorgaba a los militares gran autonomía militar con poco control civil. A pesar de la transición a la democracia en 2000, este pacto civil-militar se ha mantenido, si bien con algunas modificaciones. Dada que la responsabilidad de la supervisión de las fuerzas armadas en los regímenes democráticos es compartida por los tres poderes de gobierno, el poder legislativo funge un rol esencial en el proceso de supervisión, el cual afecta la transparencia democrática, la responsabilidad y el buen gobierno. Este artículo investiga cuan capaz ha sido el congreso mexicano en ejercer sus responsabilidades constitucionales de supervisión de las fuerzas armadas en la medida en que se posiciona como una poderosa institución en el México de la transición. El artículo arguye que a pesar de que la supervisión legislativa de las fuerzas armadas se ha incrementado, en general continúa siendo débil.

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