En las narrativas de la arquitectura moderna latinoamericana, la Ciudad Universitaria de México tiene un lugar fundamental. Académicos y críticos han analizado in extenso las especificidades estilísticas e implicaciones simbólicas de este magno complejo cuyo plan maestro fue diseñado por los arquitectos Mario Pani y Enrique del Moral y construido en el área volcánica de El Pedregal de San Ángel al sur de la Ciudad de México entre 1950 y 1952.1 Sin embargo, en las narrativas sobre este significativo conjunto arquitectónico el VIII Congreso Panamericano de Arquitectos no ha sido estudiado. Carlos Lazo, gerente general de obras de Ciudad Universitaria, fue el organizador principal de tal congreso ocurrido entre el 24 y 29 de octubre de 1952 como uno de los eventos previos a la inauguración del campus. Con base en un detallado trabajo de archivo en tres instituciones centrales para el conocimiento del arte y la cultura latinoamericana—Benson Latin American Collection en Austin, Getty Research Institute en Los Ángeles y el Archivo General de la Nación de Ciudad de México—, busco demostrar que el VIII Congreso Panamericano de Arquitectos fue una de las plataformas instrumentalizadas por Lazo para legitimar el ideario oficial del Partido Revolucionario Institucional (PRI). La investigación de archivo posibilitó establecer no sólo el contexto del VIII Congreso Panamericano de Arquitectos sino también examinar a detalle las estrategias empleadas por Lazo para posicionarse en las altas esferas del sistema político mexicano.

Como Lazo, el entonces joven arquitecto Pedro Ramírez Vázquez también aprovechó la oportunidad del congreso internacional para posicionarse públicamente como portavoz del ideario del Presidente de México, Miguel Alemán y en general, de la clase política. A diferencia de otros textos en los cuales he examinado las características arquitectónicas del campus universitario, centro mi atención aquí en el VIII Congreso Panamericano de Arquitectos y los discursos presentados, analizando su marcado trasfondo político. Mi idea es complejizar las narrativas alrededor de la génesis del campus universitario y los métodos de posicionamiento empleados por los arquitectos aliados al régimen a mitad de siglo.

El VIII Congreso de Panamericano de Arquitectos de 1952 tuvo como antecedentes proyectos políticos que bajo las nociones de panamericanismo buscaron afirmar el lugar preponderante de México en el terreno de la construcción y la trasformación urbana en el hemisferio. Para mitad de siglo el panamericanismo estuvo vinculado originalmente al programa de inversión económica impulsado por Franklin Roosevelt conocido como Good Neighbor Policy. Este programa estaba centrado principalmente en acuerdos políticos y comerciales en búsqueda de impulsar el desarrollo de la industria del transporte, el flujo del comercio y la promoción turística. El ejemplo más claro de este cúmulo de inversiones fue la construcción de la carretera Pan-Americana, la cual se propuso conectar a los países del hemisferio por medio de la vía terrestre. Este proyecto, surgido en la década de 1920, fue concretado en el territorio mexicano en mayo de 1950 gracias al apoyo de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas. La obra, una de las más monumentales construcciones del sexenio de Miguel Alemán, iniciaba en el norte en Ciudad Juárez y terminaba con la frontera sur con Guatemala. El hecho de iniciar la carretera en Ciudad Juárez tenía como propósito no sólo partir de un punto fronterizo del país, sino afirmar la buena relación entre el gobierno mexicano y el estadounidense en el período presidencial de Harry S. Truman (1946–53). Alemán declaró ante una audiencia local y extranjera haber consolidado una “aportación entusiasta a la solidaridad de América en la paz, la democracia y la justicia para que cada país pueda seguir cumpliendo con su misión histórica.”2 Como la investigación de Brian Freeman ha demostrado, la inauguración de la carretera Panamericana y su retórica de hermandad continental tuvo como propósito ubicar a México en el imaginario colectivo como un país generador de enormes proyectos de infraestructura constructiva y propulsor de iniciativas dirigidas al turismo.3 

En el ámbito cultural, la noción de panamericanismo fue puesta en la mesa de debate público gracias al arquitecto Carlos Obregón Santacilia, quien en 1950 tuvo la iniciativa de conformar el Buró Interamericano de Arte (BIA) con la finalidad de “establecer un efectivo conocimiento, intercambio y contacto entre los artistas de América”.4 Obregón Santacilia, arquitecto bien conocido en la escena pública por haber diseñado obras fundamentales en el discurso constructivo posrevolucionario como el Edificio de la Secretaría de Salud (1925–29), el Monumento a la Revolución (1931–38) y el Monumento a Álvaro Obregón (1934), inició las actividades de este organismo descentralizado del aparato gubernamental con una exposición del pintor brasileño Emiliano di Cavalcanti y la publicación en 1951 del primer número del Boletín del Buró Interamericano de Arte. Según los propósitos del arquitecto, cada país del continente americano tendría una sede correspondiente del Buró Interamericano de Arte siendo la localizada en México la cabeza de esta red.5 Sin embargo, el proyecto planteado por Obregón Santacilia no fue concretado debido a una falta de integración del BIA a las políticas oficiales de intercambio intercontinental. Al ser un organismo autónomo de la estructura gubernamental, la iniciativa del arquitecto se limitó a publicar de manera esporádica números dedicados a expresiones artísticas nacionales, entre ellos la Ciudad Universitaria.6 

En oposición a la iniciativa de Obregón Santacilia, Carlos Lazo sí fue capaz de articular por medio del VIII Congreso Panamericano de Arquitectos de 1952 un proyecto cultural trasnacional dentro de las estructura gubernamental. Para analizar el sentido propagandístico del congreso, la primera parte de este ensayo se centra en el libro de Carlos Lazo Programa de Gobierno. Este libro consistió en un extenso conjunto de planes para el desarrollo regional y estatal, así como una serie de gráficas y estadísticas poblacionales. La publicación de Programa de Gobierno y la exposición del mismo nombre en el contexto del VIII Congreso Panamericano de Arquitectos revelaron las intenciones políticas de Lazo a un corto plazo. La segunda línea de discusión que presento consiste en analizar el discurso de la exhibición de arquitectura mexicana preparada para el VIII Congreso Panamericano de Arquitectos. El arquitecto Pedro Ramírez Vázquez fue el organizador de tal exhibición, la cual mostró a un país unificado por medio de las distintas etapas de la arquitectura nacional. De la antigua pirámide circular de Copilco, construida en la zona volcánica de El Pedregal en la era más arcaica del pasado prehispánico, hasta la nueva Ciudad Universitaria, también edificada en esa misma área rocosa, todo fue exhibido bajo un discurso de cohesión cultural. Tal noción, que unificaba pasado y presente, tenía como trasfondo el establecer en las raíces antiguas una nueva refundación del país. Como en otros discursos propios de las élites culturales aliadas al Estado, en la exhibición de arquitectura mexicana presentada en el VIII Congreso Panamericano de Arquitectos la complejidad del pasado fue reducida a una estructura narrativa continua, cuyo resultado final y heroico era el nuevo campus estudiantil.

Al analizar un evento como el VIII Congreso Panamericano de Arquitectos de 1952 busco visibilizar un momento clave en la definición de Ciudad Universitaria como ejemplo oficial del triunfo del proyecto educativo posrevolucionario. Aunque sucinto, este congreso y la serie de exhibiciones presentadas articularon una serie de discursos que forjaron la idea del nuevo campus como modelo de modernidad constructiva, logro gubernamental y un nuevo símbolo de identidad nacional. La serie de congresos panamericanos de arquitectura iniciada en Uruguay en 1920 se tornó, en el caso de México, en un escenario para que los arquitectos se afirmasen como portavoces de la ideología oficial.7 

PROGRAMA DE GOBIERNO

Al asumir la gerencia de la construcción de Ciudad Universitaria, Carlos Lazo pudo estrechar fuertes vínculos con la élite del poder político. Si bien Lazo ya había trabajado en el sistema gubernamental por su puesto como oficial mayor de la Secretaría de Bienes Nacionales y planificador del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento a fines de los cuarenta, fue su alta posición en los trabajos de Ciudad Universitaria la plataforma desde la cual tuvo un contacto directo con el presidente Miguel Alemán y el secretario de Comunicaciones y Obras Públicas Adolfo Ruiz Cortines. Lazo se asumió tanto como responsable de la efectiva ejecución del proyecto arquitectónico, como transmisor del ideario político del régimen desde el inicio de la construcción de Ciudad Universitaria en junio de 1950. En el acto de colocación de la primera piedra de Ciudad Universitaria, Lazo afirmó: “Es una obra de un universitario que al llegar a la Presidencia de la República quiere impulsarla y llevarla a término utilizando noblemente los medios que el poder pone en sus manos”.8 Declaraciones como ésta fueron repetidas por el arquitecto en las múltiples conferencias que diera ante los hombres del gabinete de Alemán y la comunidad universitaria durante el proceso de construcción del campus.9 Por medio de estas presentaciones, así como un una larga lista de artículos, entrevistas y fotografías de Lazo recorriendo el campus en proceso de construcción, la imagen del arquitecto representó ante la mirada pública la figura de un hombre capaz de coordinar proyectos masivos de inversión estatal (fig. 1).10 En conjunto, la información visual y escrita sobre Lazo entre 1950 y 1952, lo ubicaron como un actor central de la transformación urbana y de un imaginario político vinculado al progreso social.

FIGURE 1.

Carlos Lazo en los frontones de Alberto T. Arai de Ciudad Universitaria en construccion, 3 de Mayo de 1952. Fuente: Arts and Architecture, August 1952. Getty Research Institute Library.

FIGURE 1.

Carlos Lazo en los frontones de Alberto T. Arai de Ciudad Universitaria en construccion, 3 de Mayo de 1952. Fuente: Arts and Architecture, August 1952. Getty Research Institute Library.

A mediados de 1952 los editores de la revista Espacios, Guillermo Rossell de la Lama y Lorenzo Carrasco, comenzaron a editar el libro de Lazo Programa de Gobierno. Esta publicación es una amplia compilación de las ideas y obras de Carlos Lazo relacionadas con la planificación urbana y regional de México. De acuerdo con los editores, el libro manifestaba que a diferencia de otros arquitectos, Lazo había enfrentado las dimensiones político-sociales del país y podido concretar soluciones a problemas reales como la Ciudad Universitaria en el rubro de la educación.11 Con base en la premisa “insistir es informar”,12,Programa de Gobierno buscó sustentar la siguiente tesis: el desarrollo de la infraestructura económica nacional podría tener como base los métodos de planificación urbana y sus correspondientes estudios estadísticos (fig. 2). Para Lazo, los métodos de la planificación urbana arrojaban resultados objetivos que podían ser instrumentalizados por las principales oficinas de gobierno para incentivar el desarrollo económico en las distintas regiones del país. La meta, según el texto, era lograr una “planificación integral” del país ayudado de “concepciones modernas de las ciencias económicas y sociales al nivel de la tecnología actual”.13 

FIGURE 2.

Carlos Lazo, Programa de Gobierno (Ciudad de México: Editorial Espacios, 1952). Fuente: Benson Latin American Collection, LILLAS Benson Latin American Studies and Collections, The University of Texas at Austin.

FIGURE 2.

Carlos Lazo, Programa de Gobierno (Ciudad de México: Editorial Espacios, 1952). Fuente: Benson Latin American Collection, LILLAS Benson Latin American Studies and Collections, The University of Texas at Austin.

Lazo presentó el libro Programa de Gobierno y una exposición del mismo nombre en el contexto de las exhibiciones del VIII Congreso Panamericano de Arquitectos. Aprovechando su rol como coordinador del congreso, designó un espacio específico del conjunto de pabellones para mostrar parte de las gráficas e imágenes publicadas en el libro y también las maquetas de los edificios diseñados por él como el Banco Nacional de México en Veracruz, obra comisionada por el Estado e inaugurada por el presidente Alemán en noviembre de 1952 días antes de finalizar su mandato (fig. 3). Al igual que el libro, la exposición Programa de Gobierno fue un producto planeado para enfatizar su perfil pragmático. Se mostraba al gerente de obras de Ciudad Universitaria como un arquitecto y planificador urbano capaz de entender los esquemas del poder burocrático y concebir planes integrales y programas de desarrollo social.

FIGURE 3.

“Exposición ‘Programa de Gobierno’ en Ciudad Universitaria”, en Decoración en la Arquitectura, en las artes, en el paisaje y en la publicidad, 1 de diciembre de 1952. Fuente: Benson Latin American Collection Collection, LILLAS Benson Latin American Studies and Collections, The University of Texas at Austin.

FIGURE 3.

“Exposición ‘Programa de Gobierno’ en Ciudad Universitaria”, en Decoración en la Arquitectura, en las artes, en el paisaje y en la publicidad, 1 de diciembre de 1952. Fuente: Benson Latin American Collection Collection, LILLAS Benson Latin American Studies and Collections, The University of Texas at Austin.

Lazo planeó el libro y la exposición en relación directa con el tema del congreso: “La planificación y la arquitectura en los problemas sociales de América”. En la conferencia inaugural del congreso celebrada el 24 de octubre, afirmó el rol fundamental de la arquitectura y la planificación urbana como “elementos de una política limpia, prevista y realizada técnicamente para el logro de los más nobles ideales”. Según Lazo, para concretar estos planes “el arquitecto se transforma en intérprete de las necesidades del pueblo … está obligado a ligar las tradiciones vitales de su pueblo en obras nuevas, informadas por un sentido de síntesis y de futuro”.14 Estas ideas, comunes en los discursos de los arquitectos alineados al régimen político, fueron presentadas en el Palacio de Bellas Artes junto a discursos de bienvenida al congreso a cargo de Manuel Tello, secretario de Relaciones Exteriores y el arquitecto Horacio Navarrete de Cuba, quien en 1950 había organizado el VII Congreso Panamericano de Arquitectos en La Habana (fig. 4). El poder político y la élite de la arquitectura internacional respaldaron oficialmente las funciones de Lazo, su capacidad para coordinar una obra de gran magnitud como Ciudad Universitaria y elaborar programas para la planificación urbana como los publicados en Programa de Gobierno.

FIGURE 4.

“VIII Congreso Panamericano de Arquitectos,” from Mañana 479, noviembre 1952. Fuente: Benson Latin American Collection Collection, LILLAS Benson Latin American Studies and Collections, The University of Texas at Austin.

FIGURE 4.

“VIII Congreso Panamericano de Arquitectos,” from Mañana 479, noviembre 1952. Fuente: Benson Latin American Collection Collection, LILLAS Benson Latin American Studies and Collections, The University of Texas at Austin.

Programa de Gobierno, junto con otros planes urbano-arquitectónicos presentados en el congreso, fue un producto integral que tuvo entre sus fines la formación de una base ideológica para la Ciudad Universitaria. Por medio de este congreso y otros proyectos culturales organizados en conjunto y examinados más adelante, Lazo planteó los ejes discursivos que contextualizaron el campus universitario en el marco del poder oficial. Se trató de un ritual político para afianzar progreso nacional por medio de un espacio constructivo terminado. A la par, creaba también las condiciones para ascender en la estructura política al exponer ante hombres de Estado y círculos internacionales de arquitectos los logros del aparato gubernamental. La gran campaña mediática de la construcción de Ciudad Universitaria y los múltiples esfuerzos realizados por el propio Lazo para promover su trabajo como Programa de Gobierno crearon las bases para que el arquitecto se proyectase como un efectivo ejecutor de planes de desarrollo y portavoz de la cultura oficial. En noviembre de 1952, al cierre de la presidencia de Miguel Alemán, Lazo tenía afianzado un lugar fundamental en el escenario político. Habiendo demostrado su capacidad para materializar las promesas constructivas del Estado y los planes de desarrollo a futuro, poseía el perfil idóneo para seguir trabajando desde la estructura gubernamental. Adolfo Ruiz Cortines, ex secretario de Gobernación en el período de Alemán y presidente electo de México para el término 1952–58, nombró a Lazo secretario de Comunicaciones y Obras Públicas en diciembre de 1952. En 1953, a unos cuantos meses de haber tomado funciones como secretario de Estado, ascendió otro peldaño en su carrera política. Sin dejar de estar a cargo de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, fue nombrado por la Organización de Estados Americanos (OEA) el presidente del Comité Panamericano de Caminos, y se propuso planificar las “comunicaciones continentales” (fig. 5). Bajo su dirección, los caminos del hemisferio supuestamente “quedarían organizados no sólo dentro de las áreas geográficas del mapa sino como las ligas de lo humano con las metas de su destino.”15 Sin duda, el hecho de que Lazo hubiese llegado a ocupar este puesto y una Secretaría de Estado responde a su visión a futuro plenamente demostrada en el marco del VIII Congreso Panamericano de Arquitectos. Lazo ocuparía sus puestos de alto rango político hasta noviembre de 1955, fecha en que murió al caer su avioneta particular en el lago de Texcoco, en el Estado de México.

FIGURE 5.

“Carlos Lazo como Presidente del Comité Panamericano de Caminos,” from Mañana 513, junio de 1953. Fuente: Benson Latin American Collection Collection, LILLAS Benson Latin American Studies and Collections, The University of Texas at Austin.

FIGURE 5.

“Carlos Lazo como Presidente del Comité Panamericano de Caminos,” from Mañana 513, junio de 1953. Fuente: Benson Latin American Collection Collection, LILLAS Benson Latin American Studies and Collections, The University of Texas at Austin.

Un mismo horizonte

Mientras el VIII Congreso Panamericano de Arquitectos le sirvió a Lazo para perfilar su posicionamiento en el escenario político, fue también el contexto en el cual él, junto a otros arquitectos y arqueólogos, establecieron el consenso oficial de Ciudad Universitaria como una expresión de encuentro con las construcciones del pasado. Se trató de un intercambio de ideas entre las élites intelectuales tramado desde el inicio de la construcción en 1950, expresado por medio de exhibiciones durante el congreso internacional en 1952 y posteriormente asumido como parte del repertorio de ideas que le otorgaron un sentido histórico al campus. Desde luego, la formación de la genealogía de la arquitectura moderna como un continuo de las estructuras antiguas estaba ya presente en otros relatos de la arquitectura mexicana como la escrita por Esther Born en su libro The New Architecture in Mexico de 1937.16 Sin embargo, la especificidad de Ciudad Universitaria dentro de esta narrativa adquiere una dimensión simbólica más profunda al considerar el carácter arqueológico de los terrenos volcánicos donde fue construido el campus.

En su discurso otorgado durante el acto de colocación de la primera piedra para la edificación del campus en 1950, Lazo afirmó: “En estos mismos terrenos, cuando las inmigraciones nahoa y olmeca se encontraron en el Valle de México en la pirámide de Cuicuilco, la más antigua cultura indígena del continente surgió de la contemplación de este paisaje y de este cielo.”17 Con estas palabras se refería no sólo a la capacidad de los arquitectos locales para evocar las raíces históricas, sino también a la importancia de El Pedregal en las narrativas del pasado antiguo. En específico, Lazo evocaba la era más antigua de las civilizaciones prehispánicas, nombrada en las décadas de 1910 y 1920 por los arqueólogos Franz Boas y Manuel Gamio como “arcaica”.18 Aunque tal caracterización había sido ya cuestionada por el antropólogo y pintor Miguel Covarrubias en la década de 1940,19 hacia la mitad de siglo la noción de El Pedregal como territorio esencial de la etapa “arcaica” seguía siendo un saber establecido en la inteligencia mexicana. Alfonso Caso, arqueólogo oficial de los regímenes de mitad de siglo, ex rector de la UNAM y uno de los intelectuales más cercanos a Lazo, reforzó la importancia de enmarcar las culturas indígenas del pasado considerando la era arcaica. En su artículo “Los horizontes culturales de Mesoamérica” publicado en la Revista de la Universidad en julio de 1952, Caso postuló que aún cuando las diversas civilizaciones antiguas responden a distintos horizontes culturales en función de su ubicación espaciotemporal, respondieron en conjunto al mismo “horizonte arcaico” en el cual comenzaron a realizarse los primeros “cultos organizados” y las representaciones de “deidades, la escritura y el calendario” (fig. 6).20 Hasta principios de los cincuenta, el argumento de la cultura-madre de las civilizaciones indígenas del pasado seguía sosteniendo que las áreas volcánicas de Cuicuilco y Copilco habían sido los territorios de los asentamientos humanos de mayor antigüedad de la era prehispánica.

FIGURE 6.

Alfonso Caso, “Los horizontes culturales de Mesoamérica”, en Universidad de México, Órgano de la Universidad Nacional Autónoma de México 67, julio de 1952. Fuente: Benson Latin American Collection Collection, LILLAS Benson Latin American Studies and Collections, The University of Texas at Austin.

FIGURE 6.

Alfonso Caso, “Los horizontes culturales de Mesoamérica”, en Universidad de México, Órgano de la Universidad Nacional Autónoma de México 67, julio de 1952. Fuente: Benson Latin American Collection Collection, LILLAS Benson Latin American Studies and Collections, The University of Texas at Austin.

En la Guía de Arquitectura Mexicana publicada en 1952, al igual que en el Programa de Gobierno por la editorial Espacios, Caso volvió a insistir en la “unidad a través del tiempo” de la cultura de México. Aunque rechazó que la arquitectura contemporánea deba ser una “arquitectura arqueológica”, es decir, diseñada como una clara imitación de la arquitectura prehispánica, sí afirmaba que debe “basarse en las hondas raíces culturales de México”. Con esta afirmación, Caso concluye que los arquitectos, al igual que los pintores mexicanos, encontrarán “una expresión del alma mexicana”.21 Aunque el sentido y expresión del “alma mexicana” es un constructo cultural sin un referente específico alguno, la interpretación que hicieron los arquitectos de Ciudad Universitaria, y en particular Lazo, se tradujo en una reminiscencia estructural de los antiguos templos prehispánicos. El ejemplo concreto de la evocación de la arquitectura del pasado en el campus fueron los cinco frontones en forma piramidal diseñados por Alberto T. Arai y construidos con cemento y fragmentos de piedra volcánica (fig. 7).

FIGURE 7.

Alberto T. Arai, Frontones de Ciudad Universitaria, 1951–1952, Buró Interamericano de Arte 2, 1952. Fuente: Getty Research Institute Library.

FIGURE 7.

Alberto T. Arai, Frontones de Ciudad Universitaria, 1951–1952, Buró Interamericano de Arte 2, 1952. Fuente: Getty Research Institute Library.

Esta obra edificada en el perímetro circundante del campus no estaba considerada en el plan maestro de Pani y Enrique del Moral. Su construcción se debió a una decisión tomada por Lazo en octubre de 1950. Tal cambio significativo en el plan maestro de la Ciudad Universitaria y en el aspecto arquitectónico del conjunto de los edificios del campus generó un debate interno sobre la pertinencia de evocar de forma tan directa las pirámides del pasado. Pani y del Moral criticaron fuertemente tanto la clara referencia a los templos antiguos del diseño de Arai, como la intervención de la obra en el esquema general del campus. En respuesta, Lazo argumentó la importancia de estas pirámides de piedra volcánica sosteniendo que “constituyen un tema sugestivo para lograr una solución técnica, arquitectónica y plástica única”.22 La forma de las pirámides en relación al paisaje montañoso de la Ciudad Universitaria y el bajo costo de su construcción por utilizar enteramente piedra volcánica extraída del mismo terreno fueron también parte de los argumentos para justificar la construcción de esta obra excepcional. Para Arai, el hecho de diseñar los frontones siguiendo las formas de la arquitectura prehispánica significaba emplear un “método histórico” en la orientación del mundo contemporáneo. En su texto de 1952, “Caminos para una arquitectura mexicana: necesidad de una doctrina arquitectónica propia”, el arquitecto afirmó que el hombre como “sujeto histórico” es aquel que “recibe una herencia cultural del pasado… lo hace para después intentar aumentar dicha herencia en un sentido positivo”.23 En síntesis, la postura de Arai y de Lazo, consistió en asumirse como recuperadores de las fuerzas del pasado antiguo por medio de la construcción de espacios de tipo piramidal.

Los frontones de Arai tuvieron un papel significativo en el contexto del VIII Congreso Panamericano de Arquitectos. Aunque el evento fue inaugurado en el Palacio de Bellas Artes, las sesiones para desarrollar y discutir las ideas sobre arquitectura y planeación urbana se llevaron a cabo en el frontón mayor. Por ello, el libro de pequeño formato llamado “Monumentos” y editado como parte de los materiales impresos distribuidos en el evento tiene en la portada una fotografía de las estructuras diseñadas por Arai (fig. 8). Aquí, Lazo publicó nuevamente el discurso otorgado en el acto de colocación de la primera piedra y un artículo a cargo del periodista Luis Islas que reforzaba la noción de recuperar en el presente las raíces históricas y simbólicas de los terrenos volcánicos de El Pedregal. El edificio, que expresaba material y estructuralmente la apropiación del pasado desde la era moderna, enmarcó la serie de discursos y debates sobre los distintos rumbos que estaba tomando, o debía tomar, las disciplinas arquitectónica y urbana en el hemisferio americano.

FIGURE 8.

Carlos Lazo y Luis Islas, Monumentos: Ciudad Universitaria (Ciudad de México: Colección Anáhuac Arte Mexicano, 1952). Fuente: Colección particular.

FIGURE 8.

Carlos Lazo y Luis Islas, Monumentos: Ciudad Universitaria (Ciudad de México: Colección Anáhuac Arte Mexicano, 1952). Fuente: Colección particular.

Pedro Ramírez Vázquez, entonces un joven arquitecto que había diseñado la Facultad de Medicina junto a los arquitectos Ramón Torres y Héctor Velázquez, también compartía la convicción de Caso y Lazo sobre el pasado como “unidad a través del tiempo”. Para el congreso, Ramírez Vázquez preparó el guión y montaje de la exhibición “Arquitectura Mexicana”, siguiendo las bases históricas tramadas por Lazo y Caso. Por medio de paneles fotográficos a gran escala, Ramírez Vázquez articuló un relato de la arquitectura nacional en la Biblioteca Central que iniciaba las estructuras prehispánicas y seguía con arquitectura virreinal decimonónica para finalizar con fotografías de Ciudad Universitaria. La narrativa de esta exhibición es sumamente similar al proyecto de película documental titulado “Arquitectura mexicana: ayer, hoy y mañana”, filme no realizado que existe únicamente en un guión mecanografiado sin autoría en el archivo de Carlos Lazo. El guión del filme está fechado en marzo de 1952, justo al inicio de los preparativos del VIII Congreso Panamericano de Arquitectos. De haber sido llevado a cabo, el filme comenzaría con unas tomas panorámicas de las pirámides de Teotihuacán para después pasar a una secuencia de los distintos edificios del Centro Histórico de la Ciudad de México. Una tercera secuencia regresaría al espectador a los templos de los antiguos reinos y seguiría, como emblema de la Conquista, una serie de tomas de la Catedral de Cholula en Puebla. La era posrevolucionaria buscaba mostrar como México había pasado “…del coloniaje a la industrialización, de la choza a la habitación”, a través de tomas del fraccionamiento para las élites llamado Jardines del Pedregal, masivos multifamiliares modernos, hospitales, presas y fábricas. El filme terminaría con una secuencia de tomas de la pirámide de Cuicuilco, los frontones de Arai y una toma abierta del campus.24 Una voz en off complementaría esta secuencia, diciendo: “En el lugar donde se encuentra la más antigua construcción del continente americano… Se levanta, logrando perfecto contrapunto, la encarnación de nuestra fe en el futuro de la Humanidad”.25 Al igual que en esta propuesta cinematográfica, la exposición organizada por Ramírez Vázquez mostraba ante la audiencia la arquitectura antigua para insistir en el lugar de México en las culturas madre de la civilización y, a la par, reforzar la presencia de Ciudad Universitaria en el listado de logros alcanzados por el Estado.

Ramírez Vázquez, como Carlos Lazo, ascendió en el panorama político-cultural de México después de haber expuesto sus ideas en el VIII Congreso Panamericano de Arquitectos. En los años subsiguientes, el arquitecto recibió significativas comisiones constructivas por parte del gobierno federal, como el diseño de la Secretaría del Trabajo en 1954 y distintos proyectos de mercados para la Ciudad de México. En 1958, diseñó junto con el arquitecto Rafael Mijares el Pabellón de México para la Feria Internacional de Bruselas y en 1964, el Museo Nacional de Antropología. Este monumental museo, diseñado en colaboración con los arquitectos Rafael Mijares y Jorge Campuzano, refiere explícitamente a las antiguas raíces de la arquitectura mexicana.26 Por medio de una extensa plaza, una pirámide invertida al centro sostenida por una gran columna, paredes que replican texturas de templos antiguos y la integración de piezas prehispánicas al diseño del museo, Ramírez Vázquez refirió directamente a las antiguas raíces y su potencial para crear un dramatismo espacial en la época moderna. Es posible afirmar que el Museo Nacional de Antropología tiene su génesis conceptual en las ideas sustentadas por Arai, Lazo y Caso durante la construcción de Ciudad Universitaria, así como en el marco del VIII Congreso Panamericano de Arquitectos. Ramírez Vázquez replanteó las nociones sobre la refundación de la cultura nacional por medio de masivas construcciones modernas que aluden a los arquetipos arquitectónicos del pasado.

Ciudad oficial

Los distintos proyectos de Carlos Lazo y Pedro Ramírez Vázquez llevados a cabo durante el VIII Congreso Panamericano de Arquitectos demostraron su capacidad para reforzar el poder de la estructura política mientras que al mismo tiempo se ubicaban al centro de las discusiones intelectuales de alcance internacional. Esta dinámica de poder indica los márgenes en los cuales puede ser enmarcada la Ciudad Universitaria: tanto como un logro político por parte del Estado como un producto intelectual capaz de competir con expresiones contemporáneas de alcance internacional. El lugar del campus universitario dentro de la llamada por el historiador Ariel Rodríguez Kuri “ciudad oficial”27 es el de una zona donde la estructura gubernamental está traducida en masivos edificios, y paradójicamente sus espacios funcionan como centros de transmisión de discursos críticos que cuestionan al aparato del poder y sus múltiples formas de expresión cotidiana. El VIII Congreso Panamericano de Arquitectos puede ser entendido como un momento en la historia de Ciudad Universitaria donde tanto las retóricas de la maquinaria gubernamental como las ideas de las élites intelectuales dejaron de lado los aspectos críticos y se unificaron para reforzar el relato oficial de mitad de siglo.

NOTES

NOTES
1.
Alfonso Pérez-Méndez, “Conceptualization of the Settlement of El Pedregal: The Staging of the Public Space in the Master Plan of Ciudad Universitaria,” en Living CU 60 Years: Ciudad Universitaria UNAM 1954–2014, ed. Salvador Lizárraga y Cristina López-Uribe (Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México [UNAM], 2014), 37–83; Roger Díaz de Cosío, ed., Ciudad Universitaria: Crisol del México Moderno (Ciudad de México: UNAM, Fundación ICA, Banco de México, Fundación Miguel Alemán, 2010).
2.
Miguel Alemán, “Discurso presentado el 21 de mayo de 1950 en la inauguración de la ‘Carretera Panamericana’”, Mañana, 17 de junio de 1950.
3.
Brian Freeman, “‘La carrera de la muerte’: Death, Driving, and Rituals of Modernization in 1950s Mexico”, Studies in Latin American Popular Culture, n.º 29 (2011): 19.
4.
Carlos Obregón Santacilia, “Estatutos del Buró Interamericano de Arte”, Boletín del Buró Interamericano de Arte, octubre de 1951, 9. Los co-fundadores del proyecto fueron el arquitecto Mauricio Gómez Mayorga, el poeta Vinicius de Moraes y el pintor Emilio di Cavalcanti.
5.
Carlos Obregón Santacilia, “Relación de lo Hecho”, Boletín del Buró Interamericano de Arte, octubre de 1951, 5.
6.
Isaac Rojas Rosillo, “La Ciudad Universitaria de México”, Boletín del Buró Interamericano de Arte, octubre de 1952, 27.
7.
Sobre la historia de la fundación del Congreso Panamericano de Arquitectos ver Ramón Gutiérrez, Jorge Tartarini y Rubens Stagno, Congresos Panamericanos de Arquitectos 1920–2000: Aportes para su historia (Buenos Aires: Centro de Documentación de Arte y Arquitectura Latinoamericana, Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos, 2007).
8.
Carlos Lazo, “El primer edificio de la Ciudad Universitaria”, Universidad de México: Órgano de la Universidad Nacional Autónoma de México, junio de 1952, 4:42, 2.
9.
Conferencias compiladas en Carlos Lazo, Pensamiento y destino de la Ciudad Universitaria (Ciudad de México: UNAM, 1952).
10.
Como ya ha anotado el historiador de arquitectura Alfonso Pérez-Méndez, la presencia mediática de Lazo se debió en gran medida a la creación de la Gerencia de Relaciones Públicas de Ciudad Universitaria y a su responsable, el periodista Almiro P. de Morantinos. Pérez-Méndez, “Conceptualization of the Settlement,” 72–73.
11.
Carlos Lazo, Programa de Gobierno (Ciudad de México: Editorial Espacios, 1952), s.p.
12.
Lazo, s.p.
13.
Lazo, s.p.
14.
Carlos Lazo, “Discurso de Apertura: VIII Congreso Panamericano de Arquitectos,” Espacios, enero de 1953, s.p.
15.
“Las raíces del camino”, Mañana, 27 de junio de 1953.
16.
Esther Born, The New Architecture in Mexico (New York: The Architectural Record, 1937).
17.
Palabras de Carlos Lazo citadas en el artículo “Primer edificio”, 2.
18.
Franz Boas, Álbum de Colecciones Arqueológicas (Ciudad de México: Publicaciones de la Escuela Internacional de Arqueología y Etnología Americanas 1911–1912, 1911–12). Manuel Gamio, “Las excavaciones del Pedregal de San Ángel y la cultura arcaica del Valle de México”, American Anthropologist 22, n.º 2 (abril/mayo 1920).
19.
Miguel Covarrubias, “Tlatilco: Archaic Mexican Art and Culture”, Dyn (1943): 40–46.
20.
Carlos Lazo, “Horizontes culturales de Mesoamérica”, Universidad de México: Órgano de la Universidad Nacional Autónoma de México, julio de 1952, 9.
21.
Alfonso Caso, “Un arquéologo opina…”, Guía de Arquitectura Mexicana Contemporánea (Ciudad de México: Editorial Espacios, 1952), s. p.
22.
Carlos Lazo, “Memorandum”, octubre de 1950, Archivo General de la Nación, Archivo Carlos Lazo, Ciudad de México.
23.
Alberto T. Arai, “Caminos para una arquitectura mexicana: Necesidad de una doctrina arquitectónica propia”, Espacios, febrero de 1952, s. p.
24.
“Proyecto de película documental de arquitectura mexicana ‘Ayer, hoy y mañana’”, marzo de 1952, Archivo General de la Nación, Archivo Carlos Lazo, Ciudad de México.
25.
“Proyecto de película”.
26.
Sobre el Museo Nacional de Antropología y el ascenso de Ramírez Vázquez en la burocracia mexicana véase Luis Castañeda, Spectacular Mexico: Design, Propaganda, and the 1968 Olympics (Minneapolis: University of Minnesota Press, 2014).
27.
El historiador Ariel Rodríguez Kuri llama la “ciudad oficial” al momento de la Ciudad de México donde tanto las prácticas políticas como el espacio urbano demostraron el control administrativo del país. Ariel Rodríguez Kuri, “Ciudad Oficial, 1930–1970”, en Historia política de la Ciudad de México (Desde su fundación hasta el año 2000) (Ciudad de México: El Colegio de México, 2012), 417–82.